¿Me quitará el trabajo?
Cambiará muchos trabajos y algunas tareas desaparecerán: negarlo no sería honesto. Lo que vemos cada día es que la IA hace bien las tareas repetitivas y bien descritas, y mal todo lo que exige conocer a las personas, el lugar y el oficio.
Quien sabe qué hace falta y sabe juzgar el resultado se vuelve más útil, no menos.
¿Puedo fiarme de lo que dice?
No a ciegas. Una IA puede decir algo falso con el mismo tono con el que dice algo cierto. Trátala como a un colaborador rápido y preparado que a veces se equivoca: lo importante se comprueba.
Por eso, con nosotros, una persona lee y aprueba todo antes de que llegue a los clientes.
¿De verdad entiende lo que le digo?
Reconoce muy bien el sentido de las frases, incluso cuando están escritas o dichas con poca precisión. No tiene experiencia del mundo como una persona: nunca ha estado en una tienda ni ha tenido prisa.
Cuanto más contexto le das, mejor responde.
¿Qué pasa con lo que le digo?
Depende del servicio que uses, y siempre conviene preguntarlo. En la conversación de este sitio, las frases van al modelo que escribe las respuestas y nosotros no las guardamos.
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¿Es peligrosa?
Es una herramienta potente y, como toda herramienta potente, puede usarse mal o a la ligera. Los riesgos reales de hoy son concretos y poco de ciencia ficción: errores que se dan por buenos, decisiones delegadas sin control, datos confiados a quien no debe tenerlos.
Se reducen con una regla sencilla: decide una persona, y responde de ello.
¿Por dónde empiezo?
Por algo pequeño y aburrido de tu trabajo: un texto que arreglar, una tabla que ordenar, una pregunta a la que no encuentras respuesta. Prueba, mira lo que sale, corrige.
O háblale dos minutos, aquí en el sitio.